GNARLS BARKLEY

domingo, 25 de enero de 2009

ELLA, QUE ES AFORTUNADA




Ella adoraba su habitación cuando era pequeña. Se entretenía y fascinaba ordenándolo todo, decorándolo todo según su gusto (y nunca el de su madre, que aún así la dejaba hacer). Podía pasarse horas y horas cambiando cosas de sitio y buscándoles otro lugar mejor, donde se las viese bien y luciesen más. De esa forma, no era de sorprender que ella notara al instante cuándo alguien había entrado en su espacio, ya que en seguida se daba cuenta de qué cosa estaba ligeramente movida o fuera de su sitio.

Todo este ritual siempre tenía lugar con su música de fondo, esa música que constituía la banda sonora de su espacio, que siempre estaba ahí tal y como ella la sentía: "Yo y mi música". Así que ella no necesitaba nada más.

Su habitación era su espacio, porque ella anhelaba estar sola, disfrutaba cuando, de repente un día, no había nadie en la casa y podía hacer lo que quisiera... no es que hiciera gran cosa o algo muy distinto, pero era más bien la sensación que esa soledad le proporcionaba, como de libertad intensamente deseada...

Ella ahora es afortunada. En lugar de una habitación tiene algo más grande (aunque no mucho más), tiene un mini-piso donde siente y palpa la libertad, por donde camina o se sienta a medio vestir, si le apetecey donde puede seguir ordenando cosas y poniéndolas a su gusto, donde ella es la única que mantiene el orden y decide donde va cada cosa y donde, si algún visitante casual decidiera tocar o mover ligeramente algo de su sitio, se da cuenta al instante y restaura su estatus original, porque ese orden le transmite seguridad, estabilidad y serenidad.

Todas esas cosas las consigue por sí misma, sin necesidad de nadie más, porque ella es afortunada al tener su sitio, su espacio, el que siempre ha añorado y el que, después de sus esfuerzos, ha quedado coqueto y acogedor.


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