GNARLS BARKLEY

viernes, 12 de noviembre de 2010

¿QUIÉN TE LO IBA A DECIR AQUELLA MAÑANA TEMPRANO?


Aquella mañana de viernes te levantaste temprano, como todas las mañanas de tu vida, ya que tu día a día no entiende de trasnochar ni de remolonear en la cama más de los segundos necesarios para tomar conciencia de la realidad. Eres una mujer de su casa y su familia, una buena madre y mejor esposa.

Bajaste las escaleras y entraste en la cocina, dispuesta a prepararles el desayuno a tus hijos y tu marido, desayuno que les daría la energía suficiente para enfrentarse a un día más de colegio, instituto y trabajo.

Ellos bajaron a los pocos minutos. Tienes suerte de tener esa gran familia: tu hija Rocío es prudente, estudiosa y buena chica y tu hijo Juan Jesús, un encanto, trabajador, responsable hasta pasarse de rosca y trabajador como ninguno. ¿Y qué decir de tu marido Juan? Todo un padrazo, cariñoso, preocupado por todos y un gran ejemplo para el resto de la familia. Además hace poco te propuso comprar una hucha para intentar ahorrar algo de dinero. Dentro de dos meses hacéis veinte años de casados... y os merecéis, ya por fin, la luna de miel que nunca tuvísteis...

Pasaste la mañana entretenida en los quehaceres de la casa, esperando a que tus hijos y Juan volvieran de trabajar y pensando alegremente en lo que haríais ese fin de semana. Lo que haríais todos juntos, ya que siempre habéis sido una familia muy unida, de esas que lo hacen todo juntos y van como una piña a todos lados.

El primero en llegar fue Juan. Como aún era temprano, decidió sentarse al ordenador mientras esperaba a que los niños volvieran del colegio para el almuerzo. Navegó un rato por Internet, consultó su correo, pero pronto se aburrió. Ese día se había levantado cansado y sin ganas de mucho trote... Se agachaba a desenchufar el ordenador de la pared cuando de repente sintió que algo le ahogaba y al momento, un fuerte dolor en el pecho que le hizo caer al suelo de golpe...

Tú oíste un ruido sordo desde la cocina y llegaste rápida y extrañada al salón, para encontrarte a tu marido tendido sobre el suelo y sin respiración. Saliste llorando, nerviosa y estado de shock, corriendo a pedir ayuda a los vecinos que llamaron a la ambulancia, pero... no se pudo hacer nada...

Aquella mañana de viernes, a eso de la una y media del mediodía alguien entraba en el aula de 3º Eso, donde Rocío tenía clase con sus compañeros...

"-Rocío, me piden que te avise de que hoy almuerzas en casa de tus abuelos, que tu padre se ha puesto enfermo y se lo han llevado al centro de salud...-"

¿Se supone que además y después de todo esto yo tengo que hablarle a Rocío en clase de Literatura de las "Coplas a la muerte de su padre" de Jorge Manrique...?

2 comentarios:

Mary dijo...

Pues igual no. Igual, si todo lo pudiéramos hacer en nuestro trabajo como quisiéramos, habría que darle una abrazo, que, sin decir nada, ella entenderá que sigue sin estar sola.

un besito

PD: jo, qué triste te has puesto tú hoy

Una dijo...

ummm...joder